"Considerando que los seres humanos son más flexibles que las computadoras, es más fácil que un humano se ajuste a las limitaciones de una computadora, que diseñar una computadora para que se ajuste a las necesidades humanas. Cuando eso pasa, el ser humano se vuelve un prisionero atrapado por la computadora, en vez de liberado por ella"  (Karla Jennings, citada por Jef Raskin en 'Diseño de Sistemas Interactivos')
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Archive for Enero, 2007

No me doren la Píldora

No me doren la PíldoraSobre el innecesariamente polémico tema de la píldora del día después, tengo cinco dudas existenciales que apuntan más a la forma que al fondo del asunto (sobre el que podríamos estar discutiendo sin llegar a acuerdo mucho más de nueve meses):

1. La píldora se ofrece. Nadie está obligado a tomarla. Si tus convicciones morales o religiosas te prohiben usarla, no la usas. Entonces, ¿cuál es el problema?

2. Compadezco a quienes se oponen a la distribución de la píldora (no a la píldora en sí), pues supongo – con todo respeto – que deben tener la cagada en sus familias.

Lo digo porque – sin intención de provocar la envidia de nadie – mis hermanos y yo siempre tuvimos la confianza suficiente en mis viejos como para recurrir a ellos hasta en los más sórdidos embrollos (…y por Dios que nos hemos mandado numeritos).

Ahora, si estos señores y señoras fueron un referente paterno tal que temen lo que sus hijos e hijas hagan a sus espaldas, ¿por qué el resto de Chile debe pagar el pato?

3. Algunos alcaldes manifiestan que sólo entregarán la píldora previo aviso (eufemismo para decir “acusación”) a los padres. ¿No eso una intromisión del Estado en la familia mucho más seria que ofrecer el medicamento de forma voluntaria?

4. Siguiendo con este razonamiento, ¿desde cuándo los alcaldes tienen derecho a imponer sus propias objeciones de conciencia a toda su comunidad? Hasta donde sé, los señores feudales se quedaron en la Edad Media.

Tal como bien señala mi amigo Claudio, en los referendos elegimos administradores municipales, no líderes religiosos.

5. Por último, la píldora del día después (levonorgestrel) ya está disponible hace mucho tiempo en las farmacias de Chile. De hecho, se puede obtener el mismo resultado con una sobredosis de anticonceptivos (chicas, no se automediquen).

¿La única diferencia? Que ahora se entregará gratis a todos quienes no pueden pagarla.

Ergo me pregunto… ¿a qué viene armar tanto escándalo?

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¿Windows Original? ¡No, gracias! (Parte II)

Este artículo es la culminación de la Parte I

¿Windows Advantage?Cuando abrí por primera vez la caja de mi notebook, hubo un componente que extrañé de inmediato: en efecto, el equipo carecía de los imprescindibles discos de rescate, que permiten restaurar el sistema a su estado original en caso de desastre… una de las principales razones por las que recomendaba a los usuarios novatos comprar un computador de marca.

Casi con ironía, en vez de ellos HP me entregaba una hoja con forma de CD que me “invitaba” a comprar 21 CDs ó 2 DVDs para crear mis propios discos. Una incomodidad adicional para el consumidor que ayudaba a HP a ahorrarse cuánto… ¿50 centavos por unidad? Genial.

Pudo ser peor. Según me contaba Franco unas semanas más tarde, su Dell ni siquiera le dio esta posibilidad. La empresa le informaba alegremente que “ya no necesitaba discos de rescate” porque toda la información podía restaurarse desde una partición donde se almacenaban los datos, la que – dicho sea de paso – restaba varios GB al disco duro de forma permanente.

¿Y dónde queda la alegría si a la partición le entra un virus o se produce un fallo general del disco?…

Reflexión Nº1: Muchachos. Contrario a lo que intentan hacernos creer los vendedores, cuando compramos una computadora el sistema operativo NO viene de regalo. Pagamos por él una licencia OEM con un costo superior a 50 mil pesos que, primero, nos dio derecho a discos independientes con el sistema, luego a discos preconfigurados y – ahora – a un papel que dice “te debo un disco de rescate”.

¿Imaginan comprar una bebida sin envase? Pues yo tampoco.

A Franco no era el único al que le habían robado disco duro. Una vez creados mis discos, eché un vistazo al espacio disponible de mi flamante computador y – con sorpresa – me percaté que de sus supuestos 80 GB de capacidad, quedaban poco más de 50 a mi disposición.

La culpa no era en exclusiva de la abultada instalación de Windows XP, sino la colección de joyas del software que HP incorporaba (sin preguntarme), incluyendo 600 MB en demos de juegos, una suscripción limitada al obeso Norton Security o una copia de Microsoft Works que – pesando el doble de OpenOffice – sólo hacía la mitad.

Y no era todo. En mi caso, Windows también había creado una partición que le permitía “recuperar el sistema en caso de desastres”, lo que no conforme con ocupar espacio, alelaba el PC debido a la necesidad de hacer respaldos sucesivos del sistema.

Como imaginarán, esta partición fue lo primero en irse al trasto… para instalar Ubuntu encima (oh, dulces paradojas de la vida).

Reflexión Nº2: Mientras estas herramientas son – eventualmente – útiles para los usuarios principiantes, resultan molestas para quienes ya tenemos algo de experiencia en computadoras. ¿Cuál es la insistencia de ponernos rueditas a quienes ya sabemos andar en bicicleta?

¿Tanto le cuesta a Microsoft como a los fabricantes albergar dos perfiles de sus clientes – novel y avanzado – para satisfacer mejor sus necesidades? Insistir en imponernos a todos un mismo paquete monolítico de software preinstalado es forzarnos a funcionar de la misma manera, lo que claramente es poco práctico… por decir lo menos.

Microsoft Match-UpRealizada la correspondiente limpieza étnica en el PC y hecho a la idea de ser un usuario validado, recordé que Microsoft había lanzado un programa especial de incentivos – Ventajas de Windows Original – para quienes ingresamos a su redil. Curioso, fui a echar un vistazo.

No sé si seré muy quisquilloso… pero una copia “gratuita y exclusiva” de Carioca o Memorice no es precisamente mi idea de recompensa. Tampoco que me “dejen” bajar Internet Explorer 7 ó Windows Media Player 11, ni menos que me den la versión de prueba por seis meses de MS-Office o un Anti-Virus… ni hablar del espectacular descuento del 50% en juegos MSN.

Me sentí como un indígena al que le compraban las tierras con chucherías. Sólo faltó una foto de Bill Gates autografiada.

Reflexión Nº3: Faltos de ideas? ¿Qué tal un descuento en los productos de hardware de Microsoft o libros de Microsoft Press? ¿O regalarnos un juego que sí valga la pena, como Age of Empires o Halo? (no necesariamente las últimas versiones). ¿O si nos dieran la posibilidad de hacer un curso presencial para algún producto en vez de esos mezquinos 13 tutoriales en video que – de hecho – deberían venir incluídos con el sistema operativo?

No es ese el problema. ¿Por qué – al igual que las discográficas – a las firmas de software les cuesta tanto creer en el valor agregado? Nos ofrecen una zanahoria toda podrida… mientras detrás sostienen el garrote con un clavo.

Ya me dan ganas así de comprar Windows.

Durante los meses siguientes, al menos aproveché mi condición de usuario legítimo para acceder a las actualizaciones de seguridad del sistema. El trámite podría haber sido bastante más placentero si Microsoft no insistiera con tanta frecuencia en que configure mi PC como ellos (y no yo) estiman conveniente.

Pues no, no quiero el Firewall de Windows. No, no quiero actualizaciones automáticas. No, no quiero la última versión de Windows Media Player. No, no quiero la herramienta anti-spyware. No, tampoco quiero la herramienta de validación de Windows… ¿cómo que tengo que aceptarla?

¿Windows Advantage?Pues sí. No conformes con la activación de producto, los usuarios de Windows XP deben descargar una aplicación que “chequea” si el software está en regla. Desde luego, nadie insinúa que los clientes sean ladrones… sino que pudieron ser “engañados” por los perversos vendedores de computadoras armadas que se niegan a comprar licencias OEM.

No hay validación = No hay postre.

¿Y saben? Creo que la herramienta no me habría importado tanto, de no ser porque me obligaba a tener una estrella del partido republicano en la bandeja de sistema, mientras informaba regularmente que se había conectado a los servidores de Microsoft para declarar que seguía en la legalidad.

Nunca capté eso… ¿es que Windows podía contagiarse de repente una “piratición”? (sobra decir que la herramienta generó tantos reclamos, que finalmente fue modificada).

Reflexión Nº4: Cuando leí por primera vez sobre los sistemas de activación o validación, la teoría era que su propósito en realidad no era controlar la piratería, sino a los usuarios. Y en efecto, mientras los usuarios ilegales siempre disponen de copias truchas a sólo días del lanzamiento de un software, quienes tenemos licencias nos bancamos las restricciones.

Eso es “cuidar” a tu clientela… en un sentido demasiado literal.

Con todo, Windows XP seguía siendo una experiencia generalmente satisfactoria… hasta que un día algo tan curioso como molesto comenzó a suceder en mi PC.

Como sabrán, cuando una nueva aplicación se abre, la anterior queda en segundo plano, lo que en jerga técnica se llama perder el enfoque. Ahora imaginen que ello suceda en forma repentina, sin haber abierto ninguna aplicación: si estás escribiendo, debes volver a pulsar el programa para recuperar el cursor. Si estás navegando, debes pulsar para volver a la acción. Si estás haciendo cualquier cosa… debes pulsar. Una y otra vez.

Acostumbrado a rascarme con mis propias uñas comencé a indagar, encontrando un documento de Microsoft donde se achacaba el problema a una función avanzada de texto que – claro – no fui yo quien puso en marcha. Algo similar sucede cuando se mantiene pulsadas por más de cinco segundos las teclas: Windows asume que tengo un problema de accesibilidad, tal como asume en MS-Office que quiero autocorrecciones o que quiero que me oculte los menús, etc…

(No entiendo esa manía de Microsoft de darnos en forma predeterminada opciones que deberían activarse a petición del usuario. Ya imagino la caja de Windows Vista: “¡Ahora con 100 nuevas funciones que usted querrá desactivar!”).

Por desgracia, el problema no se resolvió ahí.

Tras realizar un escaneo con dos anti-virus diferentes – más un anti-spyware – y circunvalar Internet sin éxito buscando referencias, entré en desesperación. Podría parecer una nimiedad, pero cuando debes hacer un clic cada 30 palabras para recuperar la aplicación, comienzas a crearte un tic.

Pero hey… ¿qué estoy haciendo? ¿acaso no soy usuario activado-validado-genuino? Entonces tengo derecho a que me den soporte, no como esos malvados piratas que deben arreglárselas solas.

Ansioso, entré al sitio de Microsoft Chile buscando un formulario de contacto o un teléfono donde llamar. Sin embargo, el vínculo de “Soporte” me estrelló contra la cruda realidad:

Sucede que – como cliente OEM – NO tengo derecho a soporte… o en realidad sí, pero cada pregunta que haga me cuesta “sólo” 99 dólares… ¡casi el costo de la licencia!

¿Hay algún problema?

De nada sirve hacerse el pillo. El sitio te pide el número de licencia, negándote el acceso (qué diferencia con el soporte de Palm EEUU – por ejemplo – quienes pese a aclararme que sus servicios no me corresponden por zona geográfica, igual responden con diligencia por el sólo hecho de ser cliente, incluso con dispositivos de segunda mano).

¿Mis chances? Según Microsoft, debo comunicarme con el soporte de HP, en un pimpón endemoniado que de antemano sabía inútil por una experiencia anterior (que dejaremos para otro día).

Sin embargo, lo realmente insólito es que aún si hubiera adquirido mi versión de Windows en el comercio – lo que cada vez es más complejo porque casi no se vende en las tiendas – sólo tendría derecho a hacer cuatro preguntas al soporte técnico (ni que fuera el Oráculo de Delfos)… en un lapso de tres meses.

(Por cierto – y para ser justos – esta es una política cada vez más de moda entre las grandes corporaciones, quienes venden sus paquetes de soporte como productos por separado, olvidando que esa es prácticamente la única razón por la que alguien podría querer comprar software legal, como hacen con las empresas, ¿no?).

REFLEXIÓN FINAL: ¿Qué se gana con tener una copia de Windows Original? Veamos. Si el paquete viene con la computadora, se te obliga a usar como el fabricante establece, muchas veces perjudicando el rendimiento de tu sistema. Si buscas actualizaciones, se te fuerza a instalar mecanismos de control que, en ocasiones, configuran automáticamente tu PC sin autorización (la tozudez del Firewall de Windows es impresionante).

Windows XPirataLuego, si se quiere aprovechar las “ventajas” del programa de Windows Genuino, te das cuenta que en realidad nada vale la pena y – para rematar – cuando en verdad necesitas ayuda, que es la oportunidad para ganar o perder la fidelidad de un cliente, se les deja a la deriva porque económicamente no son tan rentables como un cliente corporativo (a los que, por supuesto, jamás se abandona).

En mi caso, resolví el problema como debí hacer desde el principio: descargué los controladores desde el sitio de HP y arrasé el disco duro… para volver a mi vieja copia trucha – pero limpia – de Windows 2000 (supongo que a Bill no le importará, ya que tengo una licencia de Windows XP). Esto, mientras me entreno en Linux para superar definitivamente la dependencia.

Honestamente: creo que si las empresas están mostrando tan poco respeto por sus clientes hogareños como para imponerse, abandonarlos e intentar exprimirlos luego de pagar por sus productos, les están diciendo que les importan un carajo.

¿No es lícito que nos importen de igual manera?

Allá ellos si lo llaman piratería. Yo lo llamo justicia.

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¿Windows Original? ¡No, gracias! (Parte I)

Microsoft Windows

Han de ser ya más de 10 años que Windows y yo mantenemos una intensa relación de amor-odio. Como regidos por aquella canción de Genesis que sentencia “we cannot live together — we cannot live apart“, hemos conocido días buenos, malos y funestos. ¿Por qué seguimos juntos? No lo sé. Quizá por costumbre… claro, sumando la necesidad de usar un puñado de programas que sólo están disponibles para esta plataforma.

De hecho, he pasado por todos las versiones medianamente conocidas y – para vuestra admiración – todas licenciadas (o bueno, casi), comenzando por el venerable Windows 3.11 (del que sólo años después supe qué significaba el famoso “para trabajo en grupo”), para seguir con Windows 95 y Windows 98, cuya insufrible inestabilidad me forzó a recurrir a la cuneta para cambiarlo por Windows 2000 (Sorry, Bill… era asunto de supervivencia. I-O-U-1).

Así es. Windows siempre dio emociones fuertes a mi vida (en especial intriga, suspenso y terror), por lo que no he tenido problemas en abrazar cada nuevo lanzamiento de Redmond…

Claro, salvo mi némesis: Windows XP.

No me malinterpreten. No me dejaría influenciar por frivolidades como su aspecto infantil, sus menús de diez clics para llegar a cualquier parte o ese maldito perro de plasticina que babea mientras buscas un archivo urgente a las tres de la mañana.

No… lo mío era filosófico. Lo mío era la activación.

Activación de ProductoEs que ese concepto de tener que registrarme con Microsoft, pedirle “permiso” para usar un producto por el que había pagado y dejarlo eternamente asociado a mi máquina me parecía la perfecta bienvenida a 1984.

Cayendo en la típica comparativa, ¿acaso aceptarían comprar un auto y llamar a la Ford para pedir “permiso” antes de usarlo? ¿o tener que levantar el capó y mostrar un certificado de autenticidad para cargar bencina? Jef Raskin tiene razón: es increíble como los usuarios de computadoras asumimos como naturales cosas o fallos que jamás toleraríamos en otras áreas.

Quizá porque apenas las logramos entender.

Por eso, sencillamente me resistí. Juré que me quedaría con Windows 2000 (a mi gusto el mejor sistema operativo de Microsoft hasta la fecha) todo el tiempo que me fuera posible… y ese juramento duró hasta agosto de 2006.

El día que abrí mi anhelado nuevo notebook y vi esa pegatina de “Designed for Windows XP”, supe que debería tomar una decisión.

Designed for Windows XPMi primer pensamiento fue mandar al carajo el software preinstalado y poner encima mi fiel copia (pirata) de Windows 2000 pero – para serles franco – ya llevaba mucho tiempo sin hacer artículos sobre las novedades en el catálogo de Microsoft debido a que 1) estaba en la clandestinidad y 2) la mayoría era “XP Only“… sutiles pero efectivas formas de la empresa de decirnos “actualice”.

Haciendo tripas corazón, acepté que la hora de seguir adelante había llegado (para que vean cómo me sacrifico por ustedes).

Sí… cuando llegué a aquella alegre pantalla de “Ahora vamos a activar su copia de Windows“, me pareció que estaba perdiendo mi virginidad.

Y aunque una vez dentro sentí que no era tan malo (nótese que NO estoy siguiendo la analogía anterior), mis disgustos comenzaron prácticamente de inmediato, con sólo echar un vistazo al disco duro.

Eso no era nada. Pronto se revelaría que – irónicamente – la legalidad fue la peor decisión que pude haber tomado…

(Continuará…)

Este artículo continúa en su Parte II

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¿Qué? ¿Pensaban que era chiste?…

Visto en Escolar.net. Gracias a Claudio por mostrarme que Chile no tiene el monopolio de la gilipollez.

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24|Ene|2007 · Volver al futuro

Chicos… ¿me creerían que Dell vende una Dimension bastante potable – con 512 en RAM, 80 GB en disco duro y unidad CD-RW/DVD – en 270.000 pesos?

¿Pero me creerían que esa Dell trae un cototo procesador… de AMD?

¿Y… creerían que viene SIN Windows preinstalado?

Pero me creerían que en reemplazo… ¡trae DOS!

¡MS-DOS! ¡FreeDOS!

Dell Dimension DOS

Shell-Shock!

(PD: Gracias Felipe por la corrección. Es FreeDOS, un clónico libre de MS-DOS)