Estas son de las noticias donde hay que morderse los dedos para no escribir con bronca.
Como ustedes sabrán, Microsoft no es precisamente de aquellas empresas se llevan galardones a la ética de negocios. Y esto no es una apreciación personal, sino una realidad bien documentada incluso en cortes internacionales.
Si no se convencen, sólo pregunten a Steve Jobs por la amenaza de retirar las aplicaciones para Macintosh si se quejaba por el plagio de su sistema operativo. O a Stephan Decker, ex representante de Compaq, que fue forzada a instalar Internet Explorer en vez de Netscape sobre sus productos so pena de quitarle las licencias de Windows. O a Gary Kildall, cuyo Dr-Dos fue saboteado al hacer que Windows funcionara mal sobre él deliberadamente para obligar a los usuarios a seguir usando Ms-Dos.
(Bueno, mejor no le pregunten a Gary Kildall porque está muerto).
(Y no, ahí no fue Microsoft).
Los casos suman y siguen: misteriosos fallos en Apple QuickTime cuando fue lanzado para Windows, sitios Web de Microsoft que – sin razón aparente – no se mostraban sobre Opera, la modificación no autorizada del lenguaje Java para que sólo fuera compatible con Windows… bueno, ya captan la idea.
Pero ahora, a través de The Inquirer, me entero que Jeremy Allison – principal desarrollador del proyecto Samba y quien renunció a su cargo en Novell luego del bullado acuerdo con Microsoft – denunció que la firma de Bill Gates está exigiendo pagos a las empresas que usan Linux para evitar demandas.
Sí. Leyeron bien.
Según contó Allison a Linux World, varios clientes corporativos le han confirmado bajo reserva que hicieron pagos a Microsoft luego que esta los amenazara con acciones judiciales por utilizar Linux, Samba u otros proyectos de código libre que (supuestamente) infringen sus patentes.
Como si esto fuera poco, además sentó sobre ellos la prohibición de redistribuir los programas modificados, contraviniendo su licencia GPL.
¿Cómo se puede llegar a una situación tan insidiosa?
Sucede que tras el pacto Novell-Microsoft (donde la primera acordaba – entre otras cosas – cancelar regalías a Redmond mientras la segunda se comprometía a no demandar a los clientes de Novell), el CEO de Microsoft, Steve Ballmer, señaló que ello era el reconocimiento tácito de que los proyectos de código libre violan sus patentes… razón por la cual – precisamente – los distribuidores de Linux rechazaban como a la peste dicho pacto.
Y aunque Novell se apresuró a desmentirlo, vamos… nadie firma un acuerdo para evitar demandas salvo que intuya que pueda ser demandado. “Quien nada hace nada teme”, decía mi abuela.
El caso se asemeja mucho a las presiones que SCO ejerció durante años (con subrepticio respaldo financiero de Microsoft) sobre la comunidad de código abierto, al asegurar que los usuarios de Linux de IBM violaban su propiedad intelectual. Denuncias que, dicho sea de paso, acabaron disueltas en el olvido.
Pero también en aquel entonces, algunas empresas prefirieron pagar a SCO antes de sufrir una caída en el valor de sus acciones frente a la posibilidad de una demanda (y obviamente, a una junta de accionistas enfurecidos).
¿Y saben que es lo más insólito? Que según Allison, Microsoft estaría negociando con las empresas de forma encubierta, lo que me evoca esas escenas de los años 30 donde las familias sicilianas entraban cerrando las cortinas de los comercios para ofrecer protección contra “accidentes” que los locatarios aún no habían sufrido.
La única diferencia es que en vez de rufianes, ahora envían abogados… (bueno, si lo vemos de ese modo no hay tanta diferencia).
En lo personal, sólo espero que si las denuncias de Jeremy Allison resultan ciertas, la comunidad informática reaccione de forma apropiada. De lo contrario, significa que Microsoft descubrió la fórmula dorada de la mercadotecnia: cobras cuando usan tus productos, cobras aún si no usan tus productos (software preinstalado), e incluso cobras… cuando usan los productos de tu competencia.
Así da gusto hacer negocios, ¿eh?