
Podría mencionar que se los dije, pero con estos temas resulta mala clase hacer leña del árbol caído.
Es que a estas alturas ya había comenzado a pensar qué marca de cerveza enviaría a Eduardo para pagar mi apuesta de que el programa One Laptop Per Child (OLCP) del MIT iba a ser sólo un voladero de luces. Después de todo, con varios prototipos dando vueltas y su llamativa interfaz liberada para pruebas, no resultaba difícil presumir que había perdido.
Y me alegró. ¿Cómo no estar contento de que una iniciativa destinada a superar la brecha digital para los niños más pobres del mundo salga adelante? Por desgracia, parece que dejé de cantar victoria demasiado pronto.
Porque si bien en los últimos meses OLPC ha progresado mucho también está enfrentando cada vez más dificultades, al punto que su propio impulsor, Nicholas Negroponte, declaró esta semana que la computadora portátil se encuentra en “su momento más crítico”.
Una de las primeras señales de esta crisis es el (nuevo) retraso anunciado hace pocos días para iniciar la producción, lo que trasladaría su estreno desde julio hasta finales de este año.
¿Las razones? Falta desarrollo en el software y mayores pruebas tanto de hardware como de usuarios… lo que sería totalmente atendible salvo por un preocupante dato adicional: la fabricante china Quanta no puede inciar la producción sin una orden mínima de 5 millones de unidades, de las cuales sólo se han confirmado 1 millón.
El problema es que si bien muchos países han manifestado interés en el proyecto, ninguno a excepción de Libia se ha comprometido formalmente, lo que mantiene a OLPC en una situación financiera de incertidumbre.

Es más, David de Ugarte nos lleva a una interesante discusión sobre cómo espera Argentina cumplir su ofrecimiento de adquirir 1 millón de máquinas, en circunstancias que esto le significaría triplicar su actual presupuesto de educación, panorama que no es extraño a otros países candidatos como Nigeria, Pakistán, Ruanda o Tailandia.
(Por cierto, la solución de Negroponte es digna de los niños del Banco Nova: pedir un crédito al Banco Interamericano de Desarrollo y al Banco Mundial… a los que Argentina ya debe más de 3 mil millones de dólares sólo en intereses más multas por cesación de pagos).
Y ya que hablamos de dinero, ¿recuerdan el revuelo cuando se anunció que el XO (nombre de la máquina de OLPC) ya no costaría 100 dólares sino 150? Pues el precio debió corregirse otra vez esta semana tras confirmarse que era imposible producirlo por menos de 175 dólares.
Ahora, siendo objetivos notaremos que 175 dólares (casi 92 mil pesos) sigue siendo un precio excelente para una computadora de sus características y muy por debajo de los 400 dólares de su némesis, el Classmate PC de Intel (curiosamente preferido por el gobierno chileno).
Con todo, es innegable que este reajuste hace aún más compleja su adquisición y – así como los representantes de OLPC sostienen que sus hiperbolados 100 dólares de costo eran “un objetivo a largo plazo” – hace sospechar que se trataba más de un gancho comunicacional, al igual que esa famosa manivela eléctrica presentada en la ONU que acabó siendo eliminada.
Sin embargo el tiro de gracia llegó – también esta semana – con una noticia que de no salir de la boca del propio Negroponte, la habríamos creído rezagada del día de los inocentes gringo.
Sucede que para paliar la falta de órdenes, OLPC decidió tomar algunas medidas drásticas como bajar la meta para iniciar la producción a 3 millones, reducir el mínimo de órdenes por país de 1 millón a 250 mil equipos o incluso aceptar pedidos desde Estados Unidos, quien en un principio había sido vetado debido a su nivel de desarrollo.
Todo aceptable… hasta que en una espectacular vuelta de chaqueta, Negroponte confirmó que los XO ya no serán dominio exclusivo de Linux, sino que llevarán el discutido paquete de software Microsoft de 3 dólares e incluso permitirán a los gobiernos optar a distribuirlo directamente, igual que con el Classmate PC.

Sin duda es un triunfo para Microsoft – que ya le había echado el ojo a la máquina – pero una bofetada al espíritu original de la iniciativa de incorporar una solución especializada, gratuita, abierta y sobre todo que no limitara el crecimiento, como tristemente hemos constatado a través de los usuarios de Windows Starter Edition.
Y no se equivoquen. No se trata de una traición doctrinal al software libre como algunos piensan, sino de dar la espalda a una comunidad que confió, caracterizada por su ánimo desinteresado en compartir el conocimiento – como bien demuestran durante la FLISOL realizada cada año – para sonreirle ahora a un departamento de contabilidad atento al lucro.
Coincidiendo con la lapidaria mirada de De Ugarte, no deja de sorprenderme la visión del siempre cándido Luis Ramírez. Y dado que nuestro amigo no ve diferencia entre incluir Sugar/Linux o Windows Starter Edition en OLPC, permítanme concluir ofreciéndole cuatro razones:
1. Especialización: Sugar/Linux es un sistema operativo especialmente creado para XO, tanto desde una perspectiva técnica como educativa. Con Starter Edition – Windows como Office – tenemos programas recortados para calzar sobre máquinas de bajo costo.
2. Seguridad: Si han visitado los laboratorios de una escuela o centro comunitario, habrán observado que muchos de sus equipos – sino todos – se encuentran inutilizados por virus, malware y otros tipos de plagas. Las características inherentes de Linux (e incluso el hecho de ser menos “popular”) lo hacen más seguro, ahorrando frustraciones, tiempo y dinero en mantención.
3. Costo: Los programas sociales de Microsoft siempre acaban siendo rentables. Ya sean donaciones o alternativas económicas, los usuarios (o instituciones) terminarán cancelando licencias por actualización o bien – si son iniciados – se acostumbrarán a funcionar en un sistema de pago versus uno que podría resultarles totalmente gratuito.
4. Elección: “Los países podrán elegir Linux o Windows”, rezan ahora tanto el Classmate PC como el XO de OLPC. ¿Cuál verdadera es esta afirmación? Sólo examinemos las elecciones de compra de nuestro gobierno durante los últimos años, con una adicción por los productos de Microsoft que le han llevado a olvidar los compromisos de neutralidad tecnológica enmarcados en su propia Agenda Digital.
Y si agregamos que sólo el mes pasado tanto el ministro de Economía como el Director de ChileCompra (nuestro departamento de adquisiciones) estaban departiendo con Bill Gates durante el Microsoft Government Leaders Forum de Colombia, entonces… ¿de qué estamos hablando? Todos sabemos cómo se mueven los hilos del Estado.
He llegado al convencimiento de que el OLPC acabará por concretarse – quizá en algún momento de este año… quizá en el siguiente – pero que el resultado final será radicalmente distinto a lo que con tanto entusiasmo se esbozó en las mentes de quienes deseaban colaborar.
Sí, creo que Eduardo tendrá su cerveza. Pero sin importar la marca, será la más amarga que ambos hayamos probado.
ACTUALIZACIÓN: Según las transcripciones de OLPC News, Negroponte confirmó la relación con Microsoft pero no la versión de Windows que se utilizará.
Léanlo ustedes mismos (hacia la mitad del documento).