Para ser calificado como robot, debes cumplir al menos algunos de los siguientes requisitos: ser creado artificialmente, poder percibir tu entorno, poder manipular elementos de tu entorno, tener algún grado de inteligencia o capacidad de interacción con tu entorno, ser programable, mover al menos un eje de rotación o traslación, realizar movimientos coordinados y tener una intención o un propósito  (Wikipedia)
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Archive for febrero, 2008

Anotaciones sobre Santiago

1. Viajar de noche apesta.

2. Viajar de noche y junto a una guagua que llora todo el camino, además de apestar, hiede.

3. Darse una ducha al llegar en el terminal de Tur-Bus sabe a gloria. Si usted es de esos santiaguinos que le gusta invadir espacios personales, por favor, recuérdelo (la colonia también ayuda).

4. ¿Por qué el mejor terminal lo tiene la línea de buses más rasca?

5. Puta que hace calor en esta ciudad de la RCNCHSMDR…

6. Los nuevos ventiladores del metro son orwellianos. No me puedo sentir tranquilo respirando lo que sea que exhalan.

7. El Transantiago ha mejorado, pero todavia cabe en la categoría “juegos de azar”.

8. Lo mejor de Santiago son las santiaguinas, naturalmente.

9. Lo mejor de las santiaguinas es su escote, natural o artificialmente.

10. Sin embargo lo mejor de viajar a Santiago sigue siendo lo mismo de siempre… volver a casa :)

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We7.com: Música gratis, legal, sin DRM… ¡y conocida!

Hablando de nuevos modelos de negocio para las discográficas, me llevé toda una sorpresa al conocer We7.com, una arriesgada apuesta británica para ofrecer música gratis, legal y libre de todo tipo de restricciones (DRM).

Parlante Bueno... Parlante MaloY si bien ya existían sitios así para artistas independientes -como SoundClick o Jamendo- la gracia de We7.com es que en su catálogo mezcla un interesante balance de músicos emergentes y consagrados, lo que facilita descubrir nuevos talentos mientras nos hacemos de los “éxitos” sin pagar un peso.

¿Que cuál es el truco?

Un poco de publicidad.

Cada archivo MP3 pasa al inicio un discreto réclame de +/- 3 segundos, previo a dejarte con una canción sin intrusiones y codificada en prístinos 192 kbps. Mejor todavía, luego de 30 días puedes obtener del mismo sitio una versión libre de publicidad o -si no quieres esperar- pagar apenas 40 centavos (183 pesos chilenos) por una descarga inmediata.

3 Segundos de publicidad por 1 mes. Un pequeño precio a pagar por hacerte con los temas de B.B. King, Doobie Brothers, Elvis Presley, Emerson Lake & Palmer, Fleetwood Mac, Frank Sinatra, Gary Moore, Hall & Oates, Megadeth, Sex Pistols, Shalamar, Simple Minds, The Eagles, The Kinks o The Ramones… salpicados entre nuevos artistas que buscan un espacio en tu reproductor.

¿Contras? Que cada mes puedes liberar la publicidad de un máximo de 20 canciones y que no todos los álbumes están disponibles para cada país por motivos de licencias (un porcentaje menor para Chile, hasta donde comprobé).

¡Oh! Por cierto, no puedo dejar de destacar que uno de los principales inversionistas en la aventura es Peter Gabriel (cuyas canciones irónicamente no están en el sitio), uno de mis artistas favoritos con o sin Genesis, y famoso por jugadas en favor de la música que no siempre le resultan rentables, como el festival Womad o el sello Real World.

Sólo esperemos que We7.com no engrose la lista.

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Un truco de la cola: 2 enigmas de la música en línea

Colas...

Siguiendo el Twitter de Micronauta, este fin de semana di con un artículo tan fascinante que parece ser el complemento perfecto a la Cultura Libre de Lawrence Lessig. Y no lo digo sólo por su temática reveladora… sino porque también llegué a leerlo casi 4 años tarde.

De hecho, es muy probable que a estas alturas el concepto de “larga cola” (the long tail) les sea familiar pero -al igual que yo- no tengan idea de lo que realmente significa. Aquí es donde el editor de la revista Wired, Chris Anderson, lo hace fácil, aclarándome de paso un par de preguntas para las que hasta ahora no tenía respuesta.

La premisa de Anderson es simple: les guste o no, nuestra actual industria de contenidos -libros, música, películas- está cambiando de un modelo de negocios dirigido a las masas, a uno que sigue los gustos particulares. Uno donde los otrora despreciados “nichos de mercado” pasan a ser tan lucrativos como el más popular de los éxitos.

¿Cómo puede ser esto? Pues gracias a la tecnología.

Véanlo así. En nuestro modelo actual, una librería, disquería o videoclub sólo puede contener una cantidad limitada de productos por razones de espacio. Y dado que la idea es deshacerse cuanto antes de las existencias para obtener ganancias, el sentido común dicta que se llenarán sólo de los títulos más vendidos, ignorando a esa inmensa mayoría de obras que han perdido la gracia de los caprichosos dioses de la moda.

¿Cuán grande es ese mundo inaccesible? Examinando la música, tiendas como Wal-Mart en EEUU (una especie de Falabella) sólo pueden albergar un máximo de 40.000 canciones en CD para mantenerse rentables… mientras que un servicio de música en línea como Rhapsody contiene más de 4 millones de canciones (¡y contando!).

Ahá. Basta recordar cuántas veces hemos preguntado por un disco, libro o película que nadie tiene para comprender de lo que nos estamos perdiendo.

Enigma Nº1

Esto respondió mi primer enigma: ¿por qué se invierte tanto dinero… pero sólo en ciertos artistas?

Por si no lo sabían, cuando un artista promedio firma para un sello puede darse latigazos de felicidad si obtiene un 7% de las ganancias. Así es. De los 8.000 pesos (17 USD) que puede costar un CD, sólo $560 (1.2 USD) retribuyen a quien lo crea. El resto -descontando gastos de producción y distribución- van al bolsillo de la discográfica.

(Con razón tantos artistas se rebelan contra ellas)

Consultados por esta tremenda disparidad, la RIAA estadounidense se justifica alegando que los artistas necesitan promoción para darse a conocer. Supongamos (supongamos) que es cierto. Después de todo -y de no ser por el marketing- jamás habríamos conocido talentos como Britney Spears o Enrique Iglesias.

El problema es que el dinero en publicidad no sólo se enfoca en que un artista venda más, sino también en homogeneizar los gustos del público. En otras palabras, que a todos nos guste el mismo cantante.

Suena orwelliano, pero en realidad es economía de escalas: en vez de producir 10 discos de princesas-pop diferentes para 10 melómanos diferentes, es más rentable que a los 10 nos guste sólo Britney Spears. Al producirlo en masa es más barato (para ellos) y al hacerlo escaso pueden venderlo más caro (a nosotros).

(En Cultura Libre, Lawrence Lessig lo apoya con un dato revelador, informando que entre 1999 y 2004 la cantidad de álbumes diferentes lanzados se redujo nada menos que en un 20%).

Pero es justo aquí donde entra la magia del mundo en línea, porque mientras la sucursal más grande de Blockbuster sólo te da acceso a unos 3.000 DVDs, Netflix permite a los estadounidenses escoger entre sus 90.000 títulos diferentes. Y mientras una librería típica sólo puede dar cobijo a unos 130.000 libros, Amazon ofrece un catálogo que superaba los 2.3 millones… en 2004.

The Long Tail

Y aquí viene lo impresionante, porque para 2004, servicios como iTunes o Rhapsody ya obtenían hasta un 20% de sus ingresos de esta “larga cola” de canciones que (supuestamente) nadie quiere. Amazon es aún más notable: a la fecha del artículo, un 57% de sus ventas provenían de libros que no eran best-sellers.

Gracias al espacio de almacenamiento y público “infinitos” que ofrece la red, ya no reporta ventajas ser un éxito: si existe como producto, en Internet encontrará un comprador o una audiencia. Sólo pregúntenle a eBay.

Enigma Nº2

Okey, los servicios en línea reducen los costos de almacenamiento y venta de una canción, pero entonces… ¿por qué cuestan prácticamente lo mismo que un CD? (los 99 centavos de iTunes hacen los 15 USD de un álbum en EEUU).

¿No deberían caer los precios acorde a la nueva realidad?

Claro. Pero sólo si quieres aceptarla.

Si las discográficas ajustaran el costo de sus canciones en línea a su valor real -que Anderson estima en apenas 20 centavos- dañaría ferozmente a sus canales de ventas de CDs que, pese a su crisis, es de donde hoy obtienen la mayoría de sus ingresos.

(Es el mismo motivo por el que si vas a la tienda de Sony, no encontrarás sus productos más baratos que en Ripley o Falabella, los socios de venta de Sony).

¿Lo bueno? Que al menos la teoría augura un futuro esplendoroso.

Los actuales modelos de ventas de libros, discos y películas son un muro bajo el asedio de la tecnología, tanto por sus avances legales (servicios en línea) como ilegales (piratería).

Un muro que organizaciones como la RIAA o la MPAA están defendiendo con flechas ardiendo y aceite pero que está inexorablemente condenado a caer.

Según Anderson, a medida que más personas y empresas abracen la tecnología, los canales de venta digitales se impondrán a los tradicionales, ofreciendo un mundo no sólo más accesible -en precio y ubicuidad- sino también más diverso.

Si te gusta Britney también te encantará...

Los éxitos seguirán existiendo, pero serán los conductores para que -a través de recomendaciones de los propios usuarios- un comprador descubra un artista relacionado, un libro en cual está inspirado, o un ritmo totalmente diferente; los que gracias a la caída de los costos, será más fácil adquirir.

La pregunta no es si eso sucederá, sino en cuánto tiempo y cómo.

La respuesta la tenemos nosotros… y bueno, la asombrosa capacidad para arruinarlo de la industria.

Adivinen de cuál no dudo.

Les recomiendo leer el artículo original (en inglés) de Chris Anderson. También pueden visitar su bitácora dedicada a estudiar el mismo concepto.

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Apple, Dell y HP: Cuando el cliente sí importa

Así como nuestro querido Huaso destaca la diligencia con que Technicenter lo asistió con su MacBook y Pablo narra sorprendido cómo un técnico de Dell se apresuró en reparar su Inspiron a domicilio, creo que es de justicia poner mis 2 centavos en favor de Hewlett-Packard.

HP iPaq hw6945Como tal vez recuerden, en agosto pasado HP me premió con una iPaq hw6945 que, en un acto de contricción familiar (no atribuible al alcohol), decidí regalar a mi padre, puesto que su vetusta Zire 72 estaba buscando una embajada donde asilarse.

Es que aún cuando el viejo es un entusiasta de la tecnología, por desgracia padece un mal que la medicina denomina “síndrome del niño manos de hacha”, que ha provocado la baja anticipada de un sinnúmero de dispositivos.

- Christian, la iPaq no carga… -me dice un día.
- ¿Cómo no carga?
- No sé. Parece que el conector “se rompió”.

En realidad no se había roto: se había desintegrado… después de que al moler los contactos metálicos por exceso de presión, tratara de “repararlos” -literalmente- a punta de cuchillo.

Con pocas esperanzas -pues era un evidente daño por mal uso- llamé al soporte de HP para ver si al menos podían decirme dónde enviarla a reparaciones, algo que ya me hacía temblar considerando el precio del trasto.

Cuál no sería mi sorpresa al comprobar que la empresa ni siquiera se molestó en hacer un diagnóstico, sino que en 4 días nos envió por DHL una iPaq totalmente nueva (claro, luego de revelarle a la operadora que Concepción no era una comuna de Santiago).

No se trató de una experiencia aislada. Hace 3 años, cuando yo aún vivía en Santiago, la multifuncional familiar tuvo un misterioso desperfecto causado por un pulso electromagnético (o nuestra mala suerte legendaria). Mismo procedimiento: llamado a soporte HP y unos días más tarde, un courier reemplazaba a domicilio la máquina por un modelo -incluso- más avanzado.

Ejemplos como éste donde el cliente sí es importante son dignos de destacar, más todavía en un país donde ciertas empresas son infames por su técnica del “vende-y-olvida” o del “tráigalo para ver si es posible evaluar el envío a un diagnóstico (que durará 30 días y con cargo al cliente) para analizar si corresponde (y nos da la gana) realizar una reparación“.

Apple, Dell y HP lo tienen claro: cuando el cliente tiene problemas, su marca está en juego. Kudos por su servicio de post-venta.

Y respecto de mi padre, nuevamente está feliz con su flamante PDA.

(Pero si vuelve a estropearla se la cambiaré por un XO…)

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22|feb|2008 · Una pequeña explicación…

Mi narración comenzó intempestivamente. Tanto, que muchos de ustedes quedaron con varias preguntas, las que antes de retomar la pauta normal de esta bitácora no me gustaría dejar sin respuesta.

El Francotirador¿Por qué decidí contar esta historia? Porque fue una especie de catarsis. Cerrar un ciclo triste que comencé hace poco más de 2 años cuando mi vida -en cierto sentido- colapsó y me llevó una buena dosis de porrazos recuperar.

Ese viaje fue muy especial para mí por las razones que ahora conocen, y siempre supe que algún día acabaría plasmándolo en el blog por una razón muy básica: la escritura es mi instrumento de expresión.

Noté que a muchos de ustedes les sirvió de inspiración, recuerdo o -incluso- advertencia. Si a alguno le fue de ayuda, ya hace que haya valido la pena.

¿Por qué ahora? Porque era el momento. Cuando remodelé este sitio les conté sobre una amiga para quien los tatuajes son una forma de marcar hitos en su vida. Narrarla era para mí esa marca, ese último ritual y, ¿saben algo?, siento como si me hubiera quitado un peso de encima. Es más, me siento excelente :)

(Por cierto, esa ‘amiga’ era la misma Claudia del relato… que está pololeando muy feliz, bien, gracias).

¿Si Andrea lee esta historia? No lo sé. No sé de ella hace meses y creo que es mejor para los 2 de esa forma. Aún así, la última vez que nos vimos le comenté que tenía la idea de contarla acá. “¿Por qué no lo haces?”, respondió amablemente. Seguro. No me habría gustado pasarla a llevar.

Tampoco me gustaría que esta narración plasmara una impresión equivocada. Puede que durante esos 4 días haya sido mi antagonista, pero también durante 12 años fue mi amiga y compañera. Siempre -siempre- la querré por eso.

Para terminar, agradezco a todos y a cada uno de ustedes el que me hayan “acompañado” en esta travesía. De un desahogo íntimo, acabó transformado insospechadamente en un experimento literario y social impresionante que aún me tiene perplejo. Aunque a la gran mayoría no los conozco, me hacen sentir que no estoy solo.

Y a quienes sí conozco, a Alberto, Claudio, Cristian, Juque, Manolo, Marcelo, María Pastora, Octavio, Rodrigo y Romina (mil disculpas si olvido a alguien), que estaban ahí cuando este lío aún no se había gestado, el mayor de los abrazos.

Pero sobre todo a Connie y Alan -mis salvadores en La Junta- que sin siquiera conocerme me tendieron la mano. Un lector que los conocía les avisó y nos volvió a poner el contacto. Wow! Otro ribete inesperado de esta historia.

¡Oh! ¿Sabían que ellos se conocieron a través de Internet y se casaron pese a la distancia? Para quienes hayan quedado con hambre de un final feliz, los invito a conocer su historia.

Por mi parte, cuelgo el disfraz de emo. ¡Y de regreso a las ñoñerías!

(PD: Si alguien quiere hacerse con toda la historia de un zopetón, Oscar tuvo la amabilidad de pasarla a un archivo de texto (ODT). ¡Gracias por la iniciativa!)