20|mar|2010
Gracias
Después del terremoto, muchas personas no volvieron a descansar e incluso postergaron a sus familias en pos del bien común. Bomberos, Carabineros y la PDI hicieron un trabajo impagable, con los pocos recursos -humanos, técnicos y de combustible- que poseían, tratando de salvar vidas o de restaurar el orden.
En La Radio también nos esforzamos en cumplir nuestra parte, con algunos ejemplos que tendrán siempre mi admiración. El control radial, al que el terremoto sorprendió solo en el edificio, se mantuvo en su puesto durante 25 horas hasta que alguien pudo reemplazarlo, sin conocer en qué estado se encontraba su casa.
Una colega cruzó 3 comunas para ser la primera en llegar al locutorio, llevando consigo a su madre y su pequeña hija (que cuando llegué, dormía acurrucada en una silla tapada con una chaqueta). Otro colega, quien perdió su departamento tras el sismo, trabajó 4 días seguidos durmiendo por ratos en una de las oficinas.
Otro más, caminó esa mañana desde su casa por una ruta cortada al tránsito para llegar hasta los estudios. 25 kilómetros.
Todos aportamos a este gran esfuerzo colectivo. Fue un momento donde la sintonía, los avisos o los cargos perdieron toda importancia y cada uno se puso a disposición de los demás; tomando un turno tras otro, clasificando medicamentos, acarreando agua o lo que fuera necesario.
Entre tanta tragedia e incertidumbre hacia el futuro, la única recompensa era el agradecimiento de la gente. Por eso, al igual que con las tarjetas o la comida que nos regalaban, me sonreí cuando dijeron en Facebook que le darían “un aplauso masivo a La Radio”.
Nunca pensé que lo cumplirían.
(Gracias a Iván por avisarme del video)
Creo que don Nibaldo -el fundador de La Radio- habría estado orgulloso de escuchar las estrofas que él mismo escribió coreadas por las voces de su gente. De nuestra gente. Como yo lo estoy de haber sido una pequeña parte de eso.
En el futuro, Concepción será recordada por albergar extraños fenómenos sociales. Tan curiosos como la (ahora irónica) falsa alerta de tsunami de 2005, tan repudiables como los saqueos a gran escala… y tan inverosímiles como el cariño de su gente por un medio de comunicación.




















