06|Ago|2008
La raíz envenenada
Cuando leí la noticia durante la tarde, quise creer que se trató del “día de furia” de algún docente secundario. Me figuré a un sujeto agobiado por el estrés, su exiguo sueldo, el escaso apoyo de las autoridades, la idolencia de sus alumnos y quizá uno que otro problema personal detonando el mortero.
Situación injustificable pero hasta cierto punto, explicable.
Sin embargo sólo escuchando el audio completo con sus tortuosos 5 minutos de insultos gratuitos, uno comprende que el asunto va mucho más allá. Que no fue un “arranque”, sino una actitud. Una actitud de desprecio hacia sus alumnos, de indiferencia hacia su futuro y hasta una absoluta falta de preparación.
Entonces… ¿qué falla en nuestras universidades para licenciar a un sujeto de tal calaña? ¿en qué ocupan su tiempo los directivos del establecimiento que no detectan a un fulano así en su sistema?
¿Se reaccionaría igual si esta clase en vez de ser grabada fuera sólo la denuncia de una niña? ¿cuántas clases iguales o peores ocurren en la impunidad en Chile? ¿cuántas en la situación inversa, donde los alumnos vejan a sus profesores?
Nuestra educación pública está envenenada y -para despertar- nuestras autoridades necesitan más que un jarro de agua o un computador por niño que les permitan echar la basura bajo la alfombra.
Olvídense de pintar la fachada. Hay que cambiar los cimientos.
(Audio gentileza de Claudia López, desde Antofagasta).
























