El ratón (mouse) fue inventado por Douglas C. Engelbart en 1968. Era apenas una tosca caja de madera sobre dos ruedas metálicas y se le dió el atractivo nombre de 'Indicador de posición X-Y para sistemas visuales'.  (Wikipedia)
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Archive for Libros

Cultura Libre: 10 claves para leer a Lawrence Lessig (Parte 2)

(…comienza en la Parte 1)

Alambre de Púas

5. Copyright: La cultura en estado de sitio

Usualmente, se piensa que quienes apoyan la cultura libre están contra la protección de los derechos del autor de una obra -el copyright- y pretenden que los libros, música y películas se regalen, mientras los artistas comen piedras. Nada más equivocado.

En su libro, Lessig destaca la necesidad del copyright para proteger a los autores. El problema es que los cambios legales y tecnológicos de las últimas décadas lo han convertido en una herramienta que, más que proteger, enclaustra la cultura:

A) Plazos: Los iniciales 14 años de protección para una obra se han ampliado (por presiones comerciales) hasta alcanzar 95 años para empresas, y la vida del autor + 70 años para personas naturales.

(La legislación chilena también ha ido ampliando sus plazos para equiparar la legislación estadounidense, debido a los acuerdos de libre comercio).

B) Campo de Acción: Antes, el copyright sólo protegía a las obras contra copias no autorizadas. Luego y en forma progresiva, su campo de acción se amplió a las obras derivadas, citas, parodias, extractos, versiones, interpretaciones o cualquier manifestación que se base (holgadamente) en una obra protegida.

C) Control Tecnológico: Antes, una vez vendido el libro, disco o cinta, la industria tenía poco control sobre lo que hacías con ellos. Ahora, todo computador conectado a la red puede registrar (y transmitir) cuántas veces lo usaste, cómo lo usaste, en qué momento, por cuánto tiempo, desde qué lugar o si realizaste copias.

D) Concentración: Lo más preocupante sin embargo es que, en un 95%, estos mecanismos no benefician directamente a los autores, sino al 5% de grandes editoriales, discográficas o estudios de cine que lucran con sus obras.

Citando a Lessig, “nunca en la historia menos gente ha tenido tanto poder para controlar la cultura”.

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Cultura Libre: 10 claves para leer a Lawrence Lessig (Parte 1)

Una de las mejores cosas de no llevar el portátil de vacaciones, es recordar ciertos placeres mundanos vedados para el geek promedio, como dormir (de noche), nadar, caminar por el bosque, contemplar las estrellas y -por supuesto- leer (en papel).

Así, mi primera víctima fue Cultura Libre de Lawrence Lessig, un libro que pese a tenerlo desde 2005 (y hasta autografiado, pos oye) nunca había leído realmente a conciencia, por lo que acabó siendo todo un descubrimiento.

Y vaya descubrimiento.

Lawrence LessigCon una claridad (y honestidad) inusual en un abogado, Lessig expone paso a paso por qué nuestra cultura está amenazada por la legislación y los intereses comerciales, presentando ejemplos asombrosos (¿sabían que mostrar 4 segundos de Los Simpsons con fines educacionales cuesta 10.000 dólares?) e incluso proponiendo una línea de acción para contrarrestarlo.

Paradójicamente, esta sencillez también me reveló la temible complejidad del problema. Porque si luego de 3 años interactuando con los chicos de Derechos Digitales yo aún no era capaz de comprender a cabalidad su magnitud, ¿cómo podemos explicarlo a esa gran mayoría de personas que ni siquiera saben qué significa el término copyright?…

Desde luego la primera recomendación es leer el libro -que pueden descargar libremente o disfrutar en papel por muy poco dinero- pero para quienes no estén seguros si vale la pena, aquí va mi versión ultrarresumida de sus 10 puntos principales:

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La más grande historia (de videojuegos) jamás contada

¿Qué tal si mientras esperamos los resultados de la presentación en el Congreso tratamos algo más… lúdico?

The Ultimate History of Video GamesCuando abrí la caja de Amazon que contenía mis libros, no oculté un suspiro de desilusión. Contrario a lo que esperaba, The Ultimate History of Video Games de Steven L. Kent era un mamotreto pobremente impreso en más de 600 páginas, engomado y -¡oh, herejía!- casi sin imágenes.

¿Un libro de video juegos sin imágenes? ¿Dulces sin azúcar? ¡Había sido timado!

Sin embargo, me bastó con pasar las primeras páginas para cambiar de opinión en 180º. The Ultimate History of Video Games es un libro sólido, que cubre desde los antepasados directos de los videojuegos a principios del siglo XX -las entretenciones de feria y los pinball- hasta los momentos previos al lanzamiento de la Xbox en 2001, pasando por los imperios de Atari, Sony, Sega o Nintendo.

El autor -un periodista que se confiesa fanático de los videojuegos de su niñez- no se conformó con recoger rumores en la red, sino que fue directo a la fuente con entrevistas a Nolan Bushnell (fundador de Atari), Shigeru Miyamoto (creador de Mario y Zelda), Toru Iwatani (creador de Pac-Man), Alexey Pajitnov (creador de Tetris) o Trip Hawkins (fundador de Electronic Arts), entre un increíble listado de personalidades.

Así, Kent logra desterrar o confirmar mitos, como que el clásico Donkey Kong era en realidad un prototipo para un juego de Popeye (lo que es falso) o que miles de cartuchos de E.T. para Atari 2600 fueron sepultados en el desierto tras uno de los más grandes fracasos del mercado (lo que es cierto – ver más abajo).

Y no crean que su extensión significa lata. Tal como reseñaba el extinto Happy Puppy, el libro intercala con astucia historia, frases y anécdotas que lo asemejan más a un documental de History Channel, de esos cuya atención es casi imposible dejar. Prohibido para insomnes.

De hecho, algunos de sus pasajes son tan visuales que no pude evitar reírme cuando en 1981, uno de los únicos 3 empleados que Nintendo of America (NOA) tenía -luego de 2 fallidos intentos por ingresar al mercado y ya casi en la bancarrota- se lleva las manos a la cabeza y exclama:

“¿En qué me metí? ¡Ninguno de estos juegos ha funcionado, no he ganado un peso y ahora me dan el último golpe con esta cosa llamada “Donkey Kong” que ni mi abogado puede entender!”.

El abogado por cierto era Howard Lincoln, futuro vicepresidente de NOA durante 2 décadas. Y claro, no es necesario contar el resto de la historia :)

Una palanca para gobernarlos a todos...Por supuesto The Ultimate History of Video Games también tiene fallos. Siendo exactos, el título debió ser “La Historia de las Consolas de Sobremesa”, pues salvo los capítulos previos a la invención de las consolas caseras y algunos honorables lapsus, poco se dice de los juegos de galerías (arcade), los de computadoras o las consolas portátiles.

Más todavía: no mencionar a Will Wright y sus sagas SimCity o Los Sims, a clásicos de estrategia en tiempo real como Warcraft y StarCraft, o fenómenos como Dance Dance Revolution, es un pekado mortal digno de un fatality; máxime cuando 2 capítulos enteramente consagrados a las audiencias del Congreso sobre violencia en los videojuegos -pese a ser interesantes- bien podían ser quitados o resumidos.

Pero aún así, The Ultimate History of Video Games es un libro fascinante, que seguro disfrutarán no sólo los adictos a los videojuegos, sino también todo quien desee aprender de los errores, aciertos e incluso golpes de suerte que definen el éxito o el fracaso de una empresa.

Absolutamente recomendado.

Y ahora vamos a lo que todos están esperando… ¡anécdotas!

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El regalo prometido

Desde cualquier punto de vista, mi cumpleaños -ocurrido hace ya poco más de un mes- resultó una gran sorpresa. Comenzó con el inesperado artículo lacrimógeno que mi hermano clandestinamente colgó en esta misma bitácora, el que aún no puedo leer sin que se me corra el Rimmel. Luego siguieron los saludos de todos y cada uno de ustedes, para continuar con una invitación de mis entrañables ex-compañeros de Universidad a celebrar en un café.

Otros “presentes” fueron algo menos ortodoxos. Hawkings reveló su intrigante Foleo de Palm y como no podía faltar, una institución local con la que trabajamos desde hace un año alistando un importante proyecto nos comunicó -el mismo día- que lo rechazaba sin mayor fundamento. Happy-Birthday, Boy!

Pero maldiciones aparte, ese día también recibí un correo que me dejó impresionado: Edward Vargas, un amable lector de esta bitácora, me obsequió un generoso Gift Certificate de Amazon para ordenar cualquier producto a mi elección (¿Ven? Aprendan).

Lo más notable es que con Edward jamás nos hemos topado en la vida real. Es más, nuestra interacción se limita a uno que otro comentario de esta bitácora, sin embargo -y tal como me expresó en su correo- sintió que quería retribuirme las “agradables lecturas del blog”. Excelente tipo, ¿eh?

Así, tras pasar días recorriendo mi creciente Wishlist de Amazon (que de ninguna forma enlazo aquí como indirecta), decidí que no podía decidirme.

La competencia era demasiado reñida entre The Ultimate History of Video Games de Steven Kent y el clásico de la usabilidad Don’t make me think de Steve Krug -del que me había conformado leyendo extractos- así que completé el precio para comprar ambos dos.

¿Por qué menciono ahora todo esto?… ¡Pues porque recibí mis libros! Yay!

El mantel es de Dubó

No crean que los dejaré con la curiosidad. Nada más los termine tendrán su revisión correspondiente en FT. Y mientras, sólo agradecer otra vez a Edward… un verdadero ejemplo a seguir… por todos los lectores de esta bitácora.

¿Les mencioné que en agosto es el día del niño?…

En un tema relacionado, gracias al recordatorio de Zorba ahora no sólo reincorporé en la columna derecha los libros que actualmente estoy revisando, sino que los vinculé a Amazon en caso de que deseen saber más de ellos. Y como estoy en el programa de asociados, si lo compran me darán créditos para ordenar más libros. Negocio redondo.

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Libro: La Nueva Comunicación

Le Monde Diplomatique - La Nueva ComunicaciónLo sé. Tardar casi tres meses en terminar un libro de 60 páginas suena a literacidad de párvulo, pero fue en realidad una mezcla de modorra y dejación lo que confabuló para que – recién ayer – terminara una de las últimas recopilaciones de Le Monde Diplomatique, editada bajo el nombre de “La Nueva Comunicación“.

Y no es que el tema me aburriera. Como siempre, el semanario francés entrega esa pasmosa visión alternativa de los fenómenos sociales que pasa(n) desapercibida en otros medios… sobre todo si analiza nada menos que la relación entre empresa, periodismo, público y tecnologías, bajo tutela de verdaderas luminarias en la materia.

Nope. Difícilmente podría quejarme sobre el trasfondo de los ocho artículos redactados, entre otros, por Manuel Castells (La era de la información), Ignacio Ramonet (dueño de casa), Armand Mattelart (Para leer al Pato Donald), Dan Schiller (Capitalismo Digital) o el siempre ameno Francis Pisani.

Lo que me extrañó es que, siendo un libro recién publicado, casi todos sus ensayos sean de 2004 ó 2003… máxime cuando en nuevas tecnologías, tres años son una eternidad. De ahí que el olor a naftalina de leer sobre la “reciente” compra de Blogger por Google o el “reciente” escándalo de WorldCom no lo quite ni Emmet Brown.

Pero exceptuando estas consideraciones históricas, “La Nueva Comunicación” está lleno de datos interesantes (e incluso sorprendentes) que – tal como en la biografía de Bill Gates – paso a compartir con ustedes:

Manuel Castells

En “La Nueva Comunicación“, Castells inventa (aún otro) nuevo término: los Mass Self Communication, formas de comunicación que – aunque masivas – se producen y perciben individualmente. Como supondrán, esto incluye a los blogs y las redes de telefonía móvil, que con sus SMS se están haciendo populares a la hora de derrocar monarcas o presidentes.

Además, el catalán cuenta que la TV estadounidense es aún más efectiva que la propaganda norcoreana cuando se trata de lavar cerebros. Esto porque en 2003 un 60% de los estadounidenses – y 80% de quienes veían Fox News – creían al menos una de las siguientes mentiras: 1) Que se hallaron armas de destrucción masiva en Irak 2) Que existían pruebas de una alianza Hussein-Al Qaeda 3) Que el mundo apoyó la invasión estadounidense al Golfo Pérsico.

Así cualquiera…

Ignacio Ramonet

En “Controlar Internet” y “El nuevo orden Internet“, Ramonet analiza la Primera Cumbre de la Sociedad de la Información de Ginebra, con miras a la segunda desarrollada en Túnez, en 2005.

Lo interesante es cómo de ambas NO se obtuvo avances sociales importantes, pues se negó la creación de un fondo internacional para superar la brecha digital, se evitó exhortar a las naciones que imponen restricciones sobre la comunicación en aras de la manoseada “seguridad nacional” (léase China y EE.UU.) y claro, la ICANN – entidad regidora de Internet – continúa en manos norteamericanas.

En “Internet: atascados en la Red“, Pascal Lardellier cuenta que el ciberespacio es el medio ideal para desenmascarar mentiras… pero también para difundirlas. Ese fue el caso de Thierry Meyssan, quien aprovechó la red para publicitar un imaginativo libro donde aseguraba que fue un misil lo que estalló contra el Pentágono el 11 de septiembre de 2001.

En el mismo tema, un joven desconocido llamado Dylan Avery, editó en su casa con un presupuesto de apenas 2000 dólares, un documental tan espectacular apoyando las teorías confabulatorias del 11/S, que fue capaz de remecer a los usuarios… ¿pero tenía realmente una base científica a la cual aludir? Poco importa.

Armand Mattelart

Sobre “El derecho social a la Información” de Mattelart, pesa un argumento magistral: ¿Por qué las cumbres internacionales sobre la sociedad de la información son convocadas por organismos técnicos como la UIT o comerciales como la OMC? Pues porque el contenido sólo importa como mercancía, y los canales de transmisión como servicios que pueden ser rentabilizados.

Por ello, la UNESCO prefiere cambiar “sociedad de la información” por “sociedades del conocimiento“, no sólo para respetar la diversidad, sino para mantener en claro que la cultura y la educación que transmiten las redes no pueden ser mercantilizadas (¿ven? en ocasiones la semántica es importante).

En “El mundo según Google” de Pierre Lazuly, se comenta que Google hizo un excelente trabajo superando a sus rivales con su modelo de “selección democrática” de sitios Web, donde los documentos más visitados se consideran más útiles.

Sin embargo (y paradojalmente), éste también conlleva una “dictadura” de los usuarios más influyentes de la red – sobre todo los blogueros – quienes terminan decidiendo con sus vínculos cuáles argumentos se consideran más importantes e incluso, cuáles verdaderos.

No en vano hay tanta empresa cortejando las bitácoras influyentes.

Francis Pisani

En “La locura de los Weblogs invade Internet“, Francis Pisani destaca el crecimiento explosivo que estos Mass Self Communication (ejem) están teniendo, pero no desde la trillada perspectiva mamona de que van a cambiar el mundo, encontrar la cura contra el cáncer y reunir a Abba al mismo tiempo, sino poniéndolos en su lugar.

Así, el autor entusiasma con las perspectivas, pero también recuerda que los blogueros aún representan una fracción muy pequeña de usuarios, que sólo un 4% del público los considera a la hora de buscar informaciones o que están llenos de imprecisiones, lo que hace difícil reportarles ganancias por sus escritos.

(Y yo que estoy tratando de encontrar auspiciadores… debería matar a este sujeto).

Dan Schiller

Finalmente, en “Los fracasos de una revolución“, Schiller repasa las razones de por qué una industria que parece tan floreciente como la de las telecomunicaciones, está pasando aprietos para mantenerse a flote.

¿La respuesta? Liberalización excesiva y una exageración desmesurada de la demanda con el fin de alimentar los apetitos bursátiles, han provocado que incluso a grandes como Deutsche Telekom, France Telecom o NTT DoCoMo se les acabe la tinta del lápiz rojo cuando sacan cuentas.

Y es probable que por eso, mercados como el nuestro viven siempre al borde de la saturación: los proveedores no sólo evitan al máximo realizar nuevas inversiones para maximizar sus ingresos, sino que mantienen una plana inestable de trabajadores, muchas veces sin preparación adecuada (¿les suena a soporte telefónico?…)

¿Mi veredicto? Excelente libro de reflexión, un poco denso a ratos y con muchas cifras anticuadas pero, puesto en contexto, es la base ideal para comprender el estado actual de las tecnologías de la información y la comunicación (por otro lado, ¿qué más podrían pedir por $2500?).

Siguiente lectura: La mujer desnuda, de Desmond Morris.

Fijo que este lo termino rapidito…

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