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Despido

Foto de Gerson Guzmán

Foto de Gerson Guzmán

Definitivamente, la parte más difícil de ser jefe es despedir a alguien.

Es posible que les huela a cierta hipocresía esta afirmación considerando que la ‘víctima’ es la contraparte, pero no se engañen. Salvo que seas una bestia sin corazón (o que trabajes en Cencosud y a tus empleados sólo los veas como celdas de Excel) no saldrás de la experiencia indemne.

Terminar una relación contractual puede llegar a ser peor que terminar una relación amorosa. No sólo porque separas a alguien de las personas con quienes compartía a diario durante más tiempo del que pasaba con su propia familia, sino porque también lo dejas abruptamente sin una fuente de ingresos.

De ahí que las reacciones frente a la noticia puedan ser muy variadas.

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Reedición Nº2

Considerando que mi última reedición de artículos fue en diciembre de 2013, puedo concordar con ustedes en que esto no va avanzando muy rápido. Lo irónico es que tuvo que ser mi propia esposa quien insistiera para que finalmente reeditara una de los historias que más me habían solicitado volver a leer: “Entre tú y mil mares“.

Acercándome a la década desde aquellos acontecimientos (vaya cómo pasa el tiempo), la historia acabó por sorprenderme a mí mismo. A estas alturas había olvidado muchos detalles, los que casi me produjeron un shock emocional al recordarlos. Sí, me sigue emocionando.

Algunos puntos importantes:

– Aunque se ven toscas, quise conservar las fotos originales. Modestia aparte, creo que fueron muy bien elegidas para transmitir lo que sentí en cada situación. Lástima que algunas de ellas se perdieron en el transbordo. Reflexionaré (durante otro año) si conviene reemplazarlas.

– Estuve tentado a intervenir algunas partes del relato que me parecieron demasiado sosas ahora que ha transcurrido el tiempo, pero al final pensé que era mejor mantener todo como estaba en su forma original. Apenas me atreví a corregir una mayúscula que había pasado por alto.

Espero que disfruten (o vuelvan a disfrutar) leyendo mis desventuras. Para mí sigue siendo un orgullo mirar atrás y, pese a la aparente derrota, salir airoso por el solo hecho de decir “lo hice“.

Un “Y si hubiera hecho…” menos del que preocuparme cuando esté en mi lecho de muerte.

5 años de BioBioChile

Christian Leal | BioBioChile

Christian Leal | BioBioChile

Hoy BioBioChile cumple 5 años. Es inevitable mirar atrás y enorgullecerse de lo mucho que hemos crecido en este breve tiempo.

· Pasamos de ser un equipo de 4 personas a uno de 40, entre periodistas, desarrolladores, diseñadores, comerciales y pasantes.

· Pasamos de ocupar una oficina “tomada” al interior de Radio Bío Bío (era la sala de reuniones), a dos oficinas propias, repartidas en 5 ambientes.

· Pasamos de 15 mil visitas en agosto de 2009 a 31.6 millones de visitas en julio de 2014. Esto nos deja junto a La Tercera y Emol en la competencia por el primer lugar nacional en medios de comunicación de Chile.

· Pasamos de 0 a tener 2.4 millones de fans entre Facebook y Twitter, lo que nos hace el medio de comunicación con mayor presencia de redes sociales en Chile.

Pero fuera de las cifras, lo más importante es que hemos hecho un trabajo del cual sentirnos orgullosos. Uno donde nos hemos equivocado muchas veces, pero del que hemos obtenido importantes lecciones para seguir mejorando.

Gracias a los colegas de Radio Bío Bío, de Canal 9, a los amigos de DPS y en general a todos quienes nos han apoyado en este tiempo. Tenemos la meta de ser el medio de comunicación Nº1 de Chile antes de dos años, y confiamos en lograrlo con la certeza que nos da haber logrado las metas que, hace un lustro, parecían imposibles.

La mayor satisfacción: que SÍ SE PUEDE hacer un gran medio de comunicación nacional desde fuera de Santiago. Porque somos provincianos. Somos “gente del sur”… y a mucha honra.

Corazón de espuma

Rahim Packir Saibo (CC)

Rahim Packir Saibo (CC)

Mientras esperaba a que mi mujer vitrineara en el Mall Mirador, pasé a tomar un café al Dunkin’ Donuts, como ya se me ha hecho costumbre.

Era el final de la jornada y en el local comenzaban a limpiar los implementos, por lo que tuve que confirmar que aún atendieran. Pagué y luego me puse a revisar los correos en mi teléfono mientras esperaba.

De pronto, una de las chicas que atendía me acercó el café y me sacó del trance.

“Aquí tiene… le hice un corazón en la espuma” – dijo sonriente.

Aceptémoslo. No soy Ben Affleck como para que me dediquen semejantes detalles, así que el gesto me descolocó. Lo agradecí con la mayor efusividad que mi parquedad permite sin fracturar mi mandíbula y me fui a sentar a los sillones del pasillo central, algo sonrojado.

Me quedé mirando el café, con su corazón blanco que lentamente comenzaba a deformarse y no pude evitar que el mío sintiera un leve apretón. Verán, siempre he visto con una mezcla de compasión y pavor los trabajos en las cadenas de comida rápida. Cual castigo de Sísifo, cientos o quizá miles de condenados a realizar una misma tarea, una y otra vez, día tras día, para perfectos desconocidos, indiferentes y no pocas veces groseros.

Pero he aquí una chica que, pese al cansancio del turno que concluía, dibujó para mí un corazón en la espuma.

No sé si lo hizo para alegrar mi día o el suyo, pero funcionó en ambos sentidos y demostró que cuando se tiene un espíritu alegre, inquieto o creativo, esos dones pueden florecer hasta en los ambientes más hostiles. Como la planta de Wall-E.

Cuando mi señora volvió a buscarme, le relaté brevemente la historia y mi reflexión. Coincidió conmigo, aunque sólo un instante antes de voltear y mirarme con seriedad.

“Oye… ¿y por qué te dibujó un corazón?”

Ah. Mujeres.

“La última tentación de Cristo”: La película que nunca debió ser prohibida

MCA | Universal Pictures

MCA | Universal Pictures

De niño me encantaba ir al cine Plaza en Concepción. Desde luego, en aquellos tiempos todavía no se convertía en cine porno. De hecho su cartelera era tan distinta que no dudaba en acompañar a mi abuela a la matiné de Semana Santa, donde exhibían en rotativo una todavía más antigua producción española sobre la muerte de Jesús.

En aquella película, descolorida y de escenarios en papel maché, podía verse al Jesús que todos conocemos: caucásico, apuesto, sabio, mesurado, valiente e infinitamente bueno. En otras palabras, perfecto. Un antepasado directo del divino mesías de Zeffirelli, cuyos profundos ojos azules parecían estar en un perpetuo trance con el más allá.

Probablemente por eso y por mi educación de familia católica, colegio católico y universidad católica, me picó tanto la curiosidad el revuelo que había provocado a mediados de los 90 en nuestro país “La última tentación de Cristo”, la polémica cinta de Martin Scorsese donde -alegaban- se profanaba la imagen de Jesús.

Si nunca la vieron, no se extrañen. Muchos no pudimos. En 1997 la Corte Suprema accedió al requerimiento de un grupo de abogados católicos, quienes lograron que la reproducción de la película fuera prohibida en nuestro país. Aquel fallo fue condenado y revertido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2001, pero para entonces el daño ya estaba hecho. Pocos recordaban siquiera que la película existiera.

Por entonces, el tema me apasionaba. ¿Qué podía ser tan perverso en esta obra como para que nuestro máximo tribunal decidiera alejarlo de los ojos de la ciudadanía? En tiempos donde internet recién comenzaba a masificarse, sólo había escuchado rumores: que Jesús era mostrado como un ser vil, cobarde, lujurioso y traicionero, capaz de pactar con Satanás para evadir su destino de morir en la cruz.

Aún más escandaloso: que Jesús era mostrado teniendo sexo con María Magdalena.

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