El primer mensaje de texto celular (SMS) fue enviado en el Reino Unido sobre la red de Vodafone, el 3 de diciembre de 1992. El envío lo hizo Neil Papworth desde un PC al teléfono móvil de Richard Jarvis y su histórico contenido era 'Feliz Navidad'  (Wikipedia)
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Toque de queda

Caminar de noche por una ciudad con toque de queda es una sensación extraña. Caminar por una que además es tu ciudad tras ser devastada por un terremoto, es más extraño aún.

Cuando era niño allá en los 80, los toques de queda eran cosas malas. Separaban a los padres de los hijos y, pese a ser muy pequeño, de alguna forma sabía que cuando las puertas se cerraban, cosas horrendas sucedían allá afuera. Cosas que me hacían tener pesadillas.

Curiosamente, ahora los toques de queda son la única forma que tenemos para dormir en paz. Las patrullas militares resguardan esquina por medio, garantizando que los saqueadores no volverán a hacer de las suyas y dándole a Concepción cierto aire de combate urbano que ya se lo querría una secuela de Splinter Cell o Metal Gear Solid.

Caminar por una ciudad caída y en toque de queda es tétrico. Tiene un aire fantasmagórico recorrer a las 21 horas calles que sólo un par de semanas atrás eran vías vibrantes, ahora sólo capaces de reverberar mis propios pasos.

Sin embargo también me hace pensar que al igual como cuando al retirar la decoración de un local comercial muchas veces se descubren los letreros o señas de sus primeros dueños, Concepción también ha dejado ver sus inicios como pueblo, con sus calles oscuras que perfilan la luna sobre el cerro Caracol y unas estrellas tan profusas como nunca pudieron verse mientras las luces de la ciudad brillaban sobre el horizonte.

Sólo espero no tener tiempo de acostumbrarme.

Concepción. 21 horas. El camino que elegí no fue por gusto, sino el único disponible para llegar a casa evitando las zonas en peligro de derrumbe.

(Y sí, por supuesto que tenía salvoconducto).

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Del cielo a la tierra

A poco más de una semana del terremoto, resulta casi imposible pensar en una forma de contarles cómo mi vida y la de todos quienes me rodean ha cambiado de forma irreversible.

Mi ciudad está devastada. No hay cuadra en la que no se haya derrumbado una construcción, una fachada o cuando menos esté salpicada de escombros que cayeron desde las cornisas y ventanas. La mitad de los vecindarios continúan a oscuras y sólo algunos han recuperado el agua potable. Del gas, ni hablar.

El supermercado o el restaurante chino donde a diario comprábamos el almuerzo ya no existen. Los que resistieron fueron arrasados por los saqueadores, quienes no sólo acabaron con lo que el sismo dejó en pie, sino también con el poco temple que a la gente le quedó tras aquella madrugada de terror.

Al menos 6 edificios de altura respetable amenazan con venirse abajo en la proxima réplica. El flamante Alto Río no tuvo tanta suerte: se partió en dos y sus fauces de concreto atraparon a casi un centenar de personas que dormían junto a sus familias. El cuerpo de una de ellas todavía no es encontrado.

Sobre el río Bío-Bío y descontando el ferroviario, sólo 1 de los 3 viaductos que lo cruzaban sigue en pie, aunque con daños y con una sola de sus cuatro pistas habilitada mediante el apoyo de un puente mecano. Cruzar la frontera de Arauco volvió a ser algo tan engorroso como en tiempos de la colonia.

Así y todo creo que en Concepción la sacamos barata. Nuestro puerto hermano, Talcahuano, quedó inutilizado, donde el maremoto inundó poblaciones enteras e incluso arrojó barcos en las calles, como una feroz advertencia de que en este mundo es la naturaleza la que manda.

En Lebu, el amplio río que dio trabajo durante siglos a los pescadores se secó. La casa de Violeta Parra en San Carlos y de Arturo Prat en Ninhue sufrieron daños rayanos en la demolición. La Intendencia -otrora estación de trenes- no tiene vuelta y se estudia si es posible rescatar el mural de Gregorio de la Fuente que ilustra nuestra historia.

Dichato, Llico y otras bellas localidades costeras fueron barridas del mapa.

Muchas personas -incluyendo la hermana de una querida amiga- murieron. Algunas cayeron bajo los escombros. Otras, arrastradas por el mar. Quizá nunca sepamos con exactitud cuántas.

Pero frente a tanta destrucción, frente a un cambio del eje de mi mundo del que no era necesario que la NASA me alertara, mi corazón se apaña en una extraña mezcla de sentimientos.

Por un lado siento un dolor enorme por las pérdidas. Por ver los mismos lugares que acompañaron mi infancia arrumbados, acordonados y resguardados por militares. Por lidiar cada día con la angustia de cientos de personas que llegan hasta nosotros para decirnos que no tienen comida, agua ni medicamentos, o que aún no conocen el paradero de algún familiar.

Por otro, siento una rabia enorme. Porque día a día, afloran cada vez más evidencias de que esta tragedia tuvo muertes y daños innecesarios, evitables, si sólo se hubiera actuado con previsión, con rapidez o tan siquiera con competencia.

Siendo de izquierda, puedo decir responsablemente que el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet cargará por siempre con la culpa de abandonarnos en la necesidad, con el mezquino fin de resguardar su capital político. Es algo que muchos penquistas jamás olvidaremos.

(Pero ya llegará el momento de ahondar en ello).

Porque por sobre todas las cosas, siento un orgullo y un agradecimiento enorme. Un cariño como nunca lo sentí por Bomberos, por Carabineros, por los funcionarios de la PDI y por las Fuerzas Armadas, muchos de los cuales pasaron hasta 3 días sin dormir, sin ver (o incluso saber) de sus familias, en resguardo de la salud y la seguridad de la gente.

Curiosamente, tuvieron que pasar 37 años para que tener nuevamente al Ejército en las calles diera fin al estigma de las Fuerzas Armadas y los convirtiera -para nosotros- en un símbolo de esperanza.

Un agradecimiento impagable por quienes nos han enviado su ayuda. Por los camiones que llegaron desde Atacama a Tomé, o desde Punta Arenas a Coronel y Lota. Por las ambulancias del SAMU de Puerto Montt que recorrieron nuestras calles o por el regimiento de Osorno que recuperó el control de Arauco. Para ellos simplemente… gracias.

Y claro, la mayor admiración es por mis colegas. Por quienes lo dejaron todo para estar ahí, comunicando a la gente o dándoles una palabra de tranquilidad. Por quienes se mantuvieron frente a los micrófonos pese a haber perdido sus casas, a no haber dormido o a desconocer el paradero de sus hijos. Quienes lograron lo que la autoridad no pudo: decir con firmeza que saldremos adelante.

Los finales son un nuevo inicio. Concepción volverá a ponerse en pie.

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Estoy bien

Hola a todos, corto y rápido: Estoy bien, tengo serios problemas de comunicación por eso no doy señales de vida. Estoy trabajando en radio Bío-Bío, aunque no tenemos los servicios básicos pero bien, en cuanto pueda más información. Gracias por sus llamadas, mi celular está inestable por eso no logro contestar. Un abrazo a todos.

*Este mensaje fue publicado por Juan Pablo Aqueveque a solicitud de FT.

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Todo de nuevo

Creo que si alguien me hubiera dicho que iba a pasar más de 3 meses sin actualizar esta bitácora, me habría deprimido bastante.

En realidad creo que podríamos achacarle un poco más.

Como ustedes saben, hace casi 6 meses pusimos en línea el nuevo sitio de Radio Bío-Bío. Sin duda es el proyecto periodístico más importante que haya hecho en mi vida y del que razones para sentirme orgulloso no me faltan: nos abrimos paso entre gigantes dormidos, triplicando el tráfico desde su lanzamiento, con una participación increíble en las redes sociales y un equipo de trabajo excepcional.

Y claro, para la nota chovinista, siendo el único medio chileno en Internet cuyo equipo trabaja íntegramente fuera de Santiago, sin contar el uso de software libre tanto en el servidor como en los escritorios.

(Como adoro sacar el tema a colación).

Pero el esfuerzo que ha demandado también me ha pasado la cuenta, pudiendo resumirla en un concepto muy simple: mi vida personal se convirtió en un desastre.

En menos de 6 meses terminé con mi polola, dejé de ver a mi familia y amigos, abandoné mis placeres como la música o los videojuegos y, más triste aún, dejé de atender este blog.

(Irónicamente no es que haya dejado de escribir, sino que nunca había escrito tanto: 2661 artículos a la fecha para ser exactos, sólo que ahora en el sitio web de RBB).

Así, un día me topé con que mis 4 casillas de correo aglutinaban casi 3.000 mensajes sin leer, que había dejado de hacer muchas cosas que disfrutaba y que hasta el gato me desconocía.

Peor aún, sólo hace poco descubrí que uno de mis grandes amigos tuvo a su primer hijo… y yo me enteré sólo casualmente, por Facebook.

Por fortuna jamás es tarde para darse cuenta de que la estás cagando de tus errores. Ya consolidado el equipo de trabajo, comencé a retomar lo que había perdido, incluyendo el perdón de mi polola, el cariño de mi familia y por supuesto, el contacto con el grupo de personas que nos solíamos dar cita aquí para discutir ñoñerías.

¡Ah! Y como sucede al llegar de todo largo viaje, no vengo con las manos vacías. Durante estos meses he reunido una cantidad increíble de conocimientos y anécdotas sobre software, medios de comunicación y redes sociales que compartir con ustedes.

Más aún, mi reencuentro con la fauna política, sumado a una nueva arista de información y defensa de los consumidores en que pienso ahondar esta temporada, nos augura un 2010 muy, pero muy entretenido.

Por último, quiero hacer algunos agradecimientos. A mi gran amigo Claudio, a Juque y a Ricardo Stuven, cuya colaboración desinteresada fue esencial para construir lo que es hoy el sitio web de Radio Bío-Bío.

Pero sobre todo -y paso aviso que no es hueveo- tengo una deuda de gratitud inmensa con Leo Prieto y el equipo tras FayerWayer. Esto porque aún cuando en el pasado fui bastante denso (para no decir maraco) con ellos, Leo tuvo la gentileza de auxiliarme cuando necesité su ayuda, sin pedir nada a cambio. Semejante nobleza obliga.

Y desde luego, a ustedes. Por esperar :)

Ahora bien, veamos qué nos depara el futuro…

PD: Si durante este tiempo me escribiste y no obtuviste respuesta, mis sinceras excusas. O a estas alturas condolencias, ya que resulta casi una falta de respeto responder con tanto atraso…

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No entender los mensajes es…

FAIL

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