Contrario a la creencia popular, Apple no fue la primera firma en incorporar una interfaz gráfica de ventanas - con íconos y carpetas - además del ahora omnipresente ratón (mouse) al mundo de las computadoras, sino Xerox con su 8010 Star Information System. Este aparato lanzado en 1981 fue también pionero en usar tecnologías como conexión de red vía Ethernet, servidores de impresión e intercambio de archivos y hasta correo electrónico.  (Wikipedia)
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El Santo Grial de Windows

Mientras muchos creen que Apple es una empresa que supera a Microsoft en prácticamente todos los ámbitos -innovación, usabilidad, estilo, calidad, CEOs- la verdad es que hay uno (fuera de ganar dinero) donde Redmond supera a Cupertino holgadamente: guardar secretos.

Y es más, cuando la información escapa de Microsoft, tampoco anda dejando escapar una que otra foto u olvidando teléfonos en un bar. Por supuesto que no. Cuando Microsoft mete la pata filtrando información, lo hace en grande.

Sólo eso se desprende del desliz que esta semana cometió -probablemente- un (ahora ex) empleado de HP, difundiendo no sólo detalles de las nuevas funcionalidades que podría tener Windows 8 (actualmente ‘Windows v.Next’ para los amigos), sino también un atisbo de la visión que la firma de Bill Gates tiene sobre su relación con otras empresas informáticas.

De hecho la presentación filtrada no podía comenzar de peor forma que reconociendo las virtudes de una de sus grandes archienemigas.

En una lámina completa para ella, Microsoft describe su “ciclo virtuoso”, destacando cómo Apple se destaca por hacer productos de calidad, fáciles de usar y que “simplemente funcionan”… descubriendo -sí, tras 35 años de vida- que este valor en sus productos genera “la fidelidad de sus clientes”.

(Por supuesto, toda posibilidad de generar mística queda inmediatamente rota por un sui géneris “¡esto es algo por lo que los clientes pagarán!”. Uno casi puede escuchar a Steve Ballmer gritarlo mientras suda…)

Más adelante, será una simple alusión a su relación con Dell (y el hecho de provenir de un empleado de HP), la que nos hace inferir que si alguno esperaba seguir avanzando hacia una relación de mayor libertad entre hardware y software, puede ya abandonar toda esperanza.

La presentación incluso destaca la intención de Microsoft de integrarse aún más con el hardware de los fabricantes, de la mano de uno de sus puntos más enigmáticos: la presentación de una máquina cuyo diseño bien podría significar un entrelazamiento con el software al nivel de Apple.

¿Windows 8 Machine?

Pero volviendo a Windows 8, algunas de las funcionalidades que rescata Mary Jo-Foley en ZDNet resultan notables.

Por ejemplo, la nueva versión del sistema operativo se enfocaría en acelerar sus tiempos de inicio y apagado, aunque recurriendo a un pequeño truco: crear un modo híbrido de hibernación que en realidad no cierre el sistema, sino que sólo lo deje congelado.

(Diablos, eso es innovación).

Una segunda característica que seguro hará delirar a los fanáticos de la ciencia ficción será la capacidad de reconocimiento facial. Imagínalo: tu PC será capaz de “despertar” con nada más percibir tu proximidad, procediendo luego a usar una webcam para “mirarte” y saber si debe darte acceso o compadecerte.

Hola Dave... Hola HAL...

Fantástico. Ni William Shatner podría pensarlo mejor. Sólo esperemos que no funcione como el reconocimiento de voz de Vista, o no podrás ingresar a tu computadora ni siquiera con rigor mortis.

Otras novedades que posiblemente podría traer Windows 8 es un amor especial por las tablet PC (…sí, ahora sí, Bill), Internet Explorer 9, un sistema de ayuda que permita a los usuarios resolver los problemas por sí mismos (en mis tiempos le llamábamos “foros”) o una Windows App Store, que permitirá comprar e instalar software directamente desde el sistema operativo, a la Apple Apps Store o a la Ubuntu Software Center o a la BlackBerry App World, o…

Sin embargo la que realmente llamó mi atención fue algo por la que los usuarios de Windows hemos suspirado hace mucho tiempo: un botón “reset” que permitirá reinstalar el sistema desde cero, pero manteniendo la configuración, archivos y aplicaciones del usuario.

Para cualquiera que haya administrado una red de PCs con Windows (o al menos sido un pringao), la utilidad del artilugio y su posterior nominación al Nobel es innegable. Por fin una forma rápida, cómoda y sencilla de reinstalar tu computadora cuando hierva en spyware, virus, barritas de navegación con emoticones o simplemente más programas de los que el disco duro es capaz de contener (algo a lo que corporativamente se alude como “performs poorly“).

¿Pero saben? Lo interesante es que la característica más valiosa hasta ahora del nuevo sistema de Microsoft sea una que subsana sus propias falencias y, en el fondo, se transforma en un reconocimiento implícito de su incapacidad para corregir fallos o contener plagas.

Veanlo de la siguiente forma: la última vez que hablé con el administrador de redes de mi empresa, me contó que mientras usábamos Windows lo normal era realizar una reinstalación cada 30 días de cada equipo. Con más de 300 máquinas por las cuales velar, nada gracioso.

Desde que cambiamos a Linux, ese ciclo permanente de reinstalaciones se ha reducido casi a cero (aunque el proceso no estuvo exento de problemas, como les contaré más adelante).

Puede que Windows sea el sistema operativo más usado del mundo (91.3% a la fecha, según NetMarketShare) y como tal, el blanco preferente para ataques y software deficiente, pero el hecho es que un sistema que requiere un botón para reinstalarse con facilidad habla tan bien de él como una caja fuerte que incluye un kit de reparación.

“Reparamos los problemas que nosotros mismos creamos”.

Ahora sírvase pasar por caja.

Disclaimer 1: No. Para diseño/multimedia no puedes dejar Windows.
Disclaimer 2: No, WINE no es lo mismo.
Disclaimer 3: No, GIMP, Inkscape y NVU tampoco.

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