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Corazón de espuma

Rahim Packir Saibo (CC)

Rahim Packir Saibo (CC)

Mientras esperaba a que mi mujer vitrineara en el Mall Mirador, pasé a tomar un café al Dunkin’ Donuts, como ya se me ha hecho costumbre.

Era el final de la jornada y en el local comenzaban a limpiar los implementos, por lo que tuve que confirmar que aún atendieran. Pagué y luego me puse a revisar los correos en mi teléfono mientras esperaba.

De pronto, una de las chicas que atendía me acercó el café y me sacó del trance.

«Aquí tiene… le hice un corazón en la espuma» – dijo sonriente.

Aceptémoslo. No soy Ben Affleck como para que me dediquen semejantes detalles, así que el gesto me descolocó. Lo agradecí con la mayor efusividad que mi parquedad permite sin fracturar mi mandíbula y me fui a sentar a los sillones del pasillo central, algo sonrojado.

Me quedé mirando el café, con su corazón blanco que lentamente comenzaba a deformarse y no pude evitar que el mío sintiera un leve apretón. Verán, siempre he visto con una mezcla de compasión y pavor los trabajos en las cadenas de comida rápida. Cual castigo de Sísifo, cientos o quizá miles de condenados a realizar una misma tarea, una y otra vez, día tras día, para perfectos desconocidos, indiferentes y no pocas veces groseros.

Pero he aquí una chica que, pese al cansancio del turno que concluía, dibujó para mí un corazón en la espuma.

No sé si lo hizo para alegrar mi día o el suyo, pero funcionó en ambos sentidos y demostró que cuando se tiene un espíritu alegre, inquieto o creativo, esos dones pueden florecer hasta en los ambientes más hostiles. Como la planta de Wall-E.

Cuando mi señora volvió a buscarme, le relaté brevemente la historia y mi reflexión. Coincidió conmigo, aunque sólo un instante antes de voltear y mirarme con seriedad.

«Oye… ¿y por qué te dibujó un corazón?»

Ah. Mujeres.

“La última tentación de Cristo”: La película que nunca debió ser prohibida

MCA | Universal Pictures

MCA | Universal Pictures

De niño me encantaba ir al cine Plaza en Concepción. Desde luego, en aquellos tiempos todavía no se convertía en cine porno. De hecho su cartelera era tan distinta que no dudaba en acompañar a mi abuela a la matiné de Semana Santa, donde exhibían en rotativo una todavía más antigua producción española sobre la muerte de Jesús.

En aquella película, descolorida y de escenarios en papel maché, podía verse al Jesús que todos conocemos: caucásico, apuesto, sabio, mesurado, valiente e infinitamente bueno. En otras palabras, perfecto. Un antepasado directo del divino mesías de Zeffirelli, cuyos profundos ojos azules parecían estar en un perpetuo trance con el más allá.

Probablemente por eso y por mi educación de familia católica, colegio católico y universidad católica, me picó tanto la curiosidad el revuelo que había provocado a mediados de los 90 en nuestro país «La última tentación de Cristo», la polémica cinta de Martin Scorsese donde -alegaban- se profanaba la imagen de Jesús.

Si nunca la vieron, no se extrañen. Muchos no pudimos. En 1997 la Corte Suprema accedió al requerimiento de un grupo de abogados católicos, quienes lograron que la reproducción de la película fuera prohibida en nuestro país. Aquel fallo fue condenado y revertido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2001, pero para entonces el daño ya estaba hecho. Pocos recordaban siquiera que la película existiera.

Por entonces, el tema me apasionaba. ¿Qué podía ser tan perverso en esta obra como para que nuestro máximo tribunal decidiera alejarlo de los ojos de la ciudadanía? En tiempos donde internet recién comenzaba a masificarse, sólo había escuchado rumores: que Jesús era mostrado como un ser vil, cobarde, lujurioso y traicionero, capaz de pactar con Satanás para evadir su destino de morir en la cruz.

Aún más escandaloso: que Jesús era mostrado teniendo sexo con María Magdalena.

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«Ha sido una buena vida»: 10 grandes momentos en la vida de Isaac Asimov

Rowena

Rowena

Sí. En el último tiempo he escrito bastante aquí sobre Asimov y no es algo casual. Acabo de terminar de leer su autobiografía editada por su viuda Janet, «It’s been a good life«, y -como la mejor de sus obras- fue un libro que me conmovió profundamente.

Me siento identificado con gran parte de la vida de quien es, sin duda, mi autor favorito junto a Arthur Conan Doyle. Comparto su pasión por la ciencia y la tecnología, su necesidad imperiosa de escribir diariamente y su filosofía humanista, que deposita en el ser humano toda esperanza futura.

Así que para honrarlo hoy, 6 de abril, a 22 años de su muerte, compilé algunos de los pasajes que más me llamaron la atención del libro, demostrando la agudeza, humor o emotividad de Asimov.

Espero que las disfruten tanto como yo.

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La Frase – #39

«Sobre las expectativas de este sistema, Fernando Casasbellas declaró que esperan atender a cerca de 1.000 personas para fines de año. ‘En estos momentos están ingresando 5 personas diarias. A medida que sigan aumentando vamos a instalar mayor número de líneas’, manifestó el ejecutivo».

Entrevista al gerente de productos del Banco Español-Chile (hoy, Santander) sobre el sistema «Banco en Casa» que permitía acceder a información financiera mediante un computador Atari y un módem. Revista Turbo News, octubre de 1989.

¿Cómo hacía Isaac Asimov para escribir tanto?

Isaac Asimov junto a algunos de sus propios libros | Jay Kay Klein

Isaac Asimov junto a algunos de sus propios libros | Jay Kay Klein

Más que periodista, me gusta considerarme un escritor. Tal cual, a secas, sin ínfulas literarias.

Es verdad que cuando estaba en el colegio acaricié la idea de estudiar literatura, pero una profesora universitaria -sabiamente- me la quitó de la cabeza advirtiéndome que moriría de hambre. Luego fue otro profesor quien me señaló el camino hacia periodismo, una carrera que me calzó como si la hubiera hecho para mí un sastre.

Quizá por lo mismo soy feliz siendo un periodista versátil. Disfruto tanto hacer un reportaje sobre tecnología como uno sobre los vicios de la educación en Chile, como de una nota sobre Luli o una sobre el color de los gatos.

La cosa es escribir… y que los demás lo lean.

Pero en el último tiempo el asunto se me ha hecho difícil. Estar a cargo de BioBioChile me demanda cada vez más tiempo de gestión, planificación o reuniones y me deja menos para la escritura. Hay días en que no escribo nada en absoluto. Aquellos son cuando me siento más miserable.

Ni siquiera puedo desquitarme aquí en mi blog, como se habrán dado cuenta. Por la noche llego tan cansado -mentalmente- a casa, que no logro hilar palabra. Menos aún una reflexión que valga la pena.

Allí es cuando miro suspirando el retrato de uno de mis autores favoritos: Isaac Asimov. ¿Cómo lo hacía para escribir tanto? Entre novelas, textos científicos y juveniles, Asimov fue uno de los escritores más prolíficos de todos los tiempos, con más de 500 libros a su haber y 90.000 cartas o postales, detalla Wikipedia. Ya hacia el final de su vida en la década de los 80, en un lapso de 6 años, escribió 90 libros… eso es 15 libros por año. ¡Más de uno al mes!

¿Cómo demonios lo hacía?

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