En tiempos pretéritos, una ‘ejecución pública’ era un acto deleznable donde la multitud se reunía a disfrutar de las creativas formas que cada nación ideaba para finiquitar a un fulano.
En nuestros tiempos… también.
O al menos eso se desprende de la insólita acción de la ASCAP -la SCD estadounidense- que esta semana presentó una querella contra las proveedoras de telefonía móvil AT&T y Verizon buscando que se le paguen regalías por cada repique de teléfono celular… cada vez que suene.
Absurdo como lo leen, para la ASCAP el sonido de un ringtone es en efecto una ‘ejecución pública’, donde “ni siquiera es necesario que sea escuchado por otras personas para contar como tal”. Y por ende, alguien debe pagar a los autores.
Pero este requerimiento tiene un origen todavía más sorprendente. Verán, los proveedores de telefonía móvil -al igual que en Chile- ya cancelaban un 2% de sus ventas de repiques a la ASCAP por derechos de autor. Sin embargo en 2007 la organización decidió ir por más, demandando a RealNetworks y a AOL por sus servicios de venta de música en línea, alegando que sus descargas también son ‘ejecuciones públicas’.
¿El resultado? En abril de 2007 un tribunal de Nueva York les paró el carro, argumentando que es la “percepción simultánea de una transmisión y no su disponibilidad abierta lo que constituye una ejecución pública”.
Sumen 2+2. Los proveedores de telefonía se avivaron y cesaron los pagos con la excusa de que sus servicios también eran “descargas de música”, mientras la ASCAP contraatacó ferozmente: ahora no sólo se le debe cancelar el 2% por ventas, sino un porcentaje por cada ‘ejecución’.
Duh.
Y si algo llama la atención en este caso es la colusión de planteamientos con nuestra querida SCD. Tal como en Chile, la ASCAP asegura que ‘no buscan demandar ni cobrar a la gente’, sino sólo a los proveedores móviles… sin que requiera mucha inteligencia para saber que esos costos serán traspasados al consumidor.
Así las cosas es probable que lo único positivo sea la inédita alianza surgida entre las empresas de telefonía y la EFF (que defiende los derechos digitales de las personas), quienes calificaron la pretensión de la ASCAP como “absurda” y tan peligrosa, que el siguiente paso sería cobrar a quienes escuchan un CD en su auto con las ventanillas abajo o quienes se van con su radio portátil a la playa (bueno, al menos se le acabó la recreación a los flaites).
Habrá que estar atento a la resolución de los tribunales estadounidenses. Tenemos evidencia de sobra de que en casos de derecho de autor no se decide en base al sentido común y que, una vez sentado el precedente, sólo es cuestión de tiempo para que el modelo se exporte a Chile.
Por lo pronto vayan instalando una alcancía en sus celulares. Habrá que insertar una moneda cada vez que nos llamen.